lunes, 15 de febrero de 2010

El entierro de Ornans (Courbet)

1 comentario:

Álvaro Beardo Plaza dijo...

EL ENTIERRO DE ORNANS

Realizado por el pintor francés Gustave Courbet en 1849, actualmente se encuentra en el Museo de Orsay (París). Se trata de un óleo sobre tela de 315 cm de alto por 668 de ancho. Es una escena de género, es decir, presenta una escena costumbrista, en este caso un entierro; esta pintura marcó el nacimiento del verdadero realismo.
La obra muestra con el mayor realismo posible un funeral de la época. Transcurre en la localidad natal del pintor, Ornans, por lo que se cree que representa el entierro de su abuelo materno.
En el cuadro aparecen 46 personajes a tamaño natural (representantes del ayuntamiento, plañideras, hidalgos, la familia del pintor, entre los que se encuentra él mismo... e incluso un perro perdiguero), los cuáles no muestran ningún sentimiento de dolor en sus rostros, es más, lo viven como un hecho cotidiano. Los reúne en un retrato colectivo, justamente en el momento en que se va a realizar la colocación del féretro en el hoyo que aparece en el centro de la parte inferior del cuadro, invadiendo el espacio del espectador. Los personajes están puestos sin ningún tipo de jerarquía, pero las mujeres se mantienen separadas de los hombres a la derecha.
Está pintada al óleo. Es una composición abierta, que viene determinada por las figuras representadas de pie a tamaño natural que están dispuestas horizontalmente, a modo de friso. El friso que forman los personajes, sigue la misma ondulación rítmica que las montañas, que sirven de fondo. La horizontalidad de estas y de las nubes se contrapone con la verticalidad de los personajes. El alargamiento de los brazos de la cruz muestra una diagonal que cruza el cielo por encima de la multitud. También se distingue un eje que va desde el suelo, «tierra» al «cielo»: pasa a través del vaso del agua bendita, agua con la que el sacerdote puede bautizar, por el corazón del niño, que ha recibido el sacramento de la comunión, el portador de la cruz que ha recibido el sacramento del matrimonio y por fin el crucifijo y el cuerpo de Cristo.
El color predominante es el negro y el resto de los tonalidades, varía entre el blanco y los rojizos empleados en las ropas, y los tonos ocres, verdes y grises del paisaje. La pincelada es suelta.
La luz es barroca, inspirada ligeramente en Caravaggio. Busca contrastes entre el primer plano, donde está el ataúd y los religiosos que hacen la ceremonia, y la franja de personajes vestidos de negro. La luz no se utiliza para acentuar el dramatismo de los personajes, sino para dar corporeidad y volumen a los cuerpos. En el cuadro domina una luz crepuscular que acentúa la soledad del paisaje.